Parto de imágenes de danza porque es el lenguaje del cuerpo por excelencia. Después trasformo esas imágenes. Sin conciencia corporal no es posible bailar.  El cuerpo registra aprendizajes. Atribuir a lo cognitivo y a lo racional todo el conocimiento sobre el mundo es amputarnos de una fuente importante de información y de la posibilidad de trasformar ciertas experiencias.

En esta serie mezclo materiales y técnicas como; acrílico, óleo, tejidos o impresiones digitales. De esta forma trato de integrar un elemento disruptivo dentro de un lenguaje tradicional como es el de  la pintura. Lenguaje que por otra parte,  asociamos habitualmente a una actitud de contemplación y a un hacer manual.

Son personas que no sabemos de dónde vienen, ni a donde van. Dice Jana Leo de Blas en su libro “El Viaje sin distancia” que “uno se da cuenta de que está perdido no cuando no sabe llegar sino cuando no sabe cómo volver” y que “en el mundo virtual hay conexión, pero no contacto”. Por eso son personajes que mantienen una relación extraña con el espacio, con el tiempo o con unos “otros” que no vemos.

Manos y piernas son en esta serie elementos simbólicos relevantes. Representan nuestra relación con lo analógico, con el tacto, con lo biológico. Aludo entonces a cierta distorsión y disociación con el mundo. Por cierto, que la palabra digital proviene del termino latín digitus, que significa dedo.